Una de las consultas que vemos con frecuencia en clínica es la de pacientes que nos dicen:
“Doctor, noto que tengo los dientes más largos” o “cada vez se me ve más la raíz del diente”.
En muchos casos, lo que está ocurriendo es una retracción de encías, también llamada recesión gingival. Es decir, la encía se desplaza y deja al descubierto una parte del diente que normalmente debería estar protegida.
El problema no es solo estético. Las encías retraídas pueden provocar sensibilidad, inflamación, mayor riesgo de caries en la raíz y, en casos avanzados, pérdida de soporte del diente. La buena noticia es que, si se diagnostican a tiempo, podemos frenar su avance y valorar el tratamiento más adecuado según la causa.
En nuestra clínica dental en San Juan de Alicante, lo primero que hacemos siempre es estudiar por qué se está retrayendo la encía, porque no se trata igual una recesión causada por periodontitis que una provocada por cepillado agresivo, bruxismo u ortodoncia.
- ¿Qué son las encías retraídas?
- ¿Cómo saber si tengo encías retraídas?
- Principales causas de las encías retraídas
- Enfermedad periodontal: gingivitis y periodontitis
- Cepillado agresivo o cepillo demasiado duro
- Bruxismo y presión excesiva sobre los dientes
- Encías retraídas por ortodoncia
- Tabaco y peor cicatrización de las encías
- Encías finas, genética y predisposición familiar
- Piercings, traumatismos y otros factores locales
- ¿Las encías retraídas vuelven a crecer solas?
- Tratamientos para las encías retraídas
- ¿Qué pasa si no tratas las encías retraídas?
- Cómo evitar que las encías retraídas avancen
- Las encías retraídas tienen tratamiento, pero necesitan diagnóstico
¿Qué son las encías retraídas?
Las encías retraídas aparecen cuando el margen de la encía se desplaza hacia la raíz del diente, dejando visible una zona que debería permanecer cubierta. Por eso muchas personas notan que sus dientes parecen más largos o que la sonrisa ha cambiado con el tiempo.
La encía cumple una función protectora muy importante. Actúa como una barrera frente a bacterias, alimentos, cambios de temperatura y pequeños traumatismos del día a día. Cuando esa barrera se pierde, la raíz dental queda más expuesta y puede volverse más sensible.
Es importante entender algo: la encía que se ha retraído no vuelve a crecer por sí sola. Lo que sí podemos hacer es detectar la causa, detener el avance y, en algunos casos, recuperar parte del tejido perdido mediante tratamientos periodontales o cirugía mucogingival.
Por qué la raíz del diente queda expuesta
La parte visible del diente está cubierta por esmalte, que es el tejido más duro del cuerpo. Sin embargo, la raíz no tiene esa misma protección. Está recubierta por cemento radicular, un tejido mucho más delicado y poroso.
Cuando la encía se retrae, esa raíz queda expuesta. Esto explica por qué muchos pacientes con retracción de encías sienten sensibilidad al frío, al calor o incluso al cepillarse.
Además, la raíz expuesta retiene más placa bacteriana y es más vulnerable a la caries. Por eso no conviene dejar pasar el problema pensando que es solo una cuestión estética. Cuanto antes valoremos la causa, más opciones tenemos para evitar que la retracción avance.
Diferencia entre encías retraídas, gingivitis y periodontitis
Aunque están relacionadas, no son exactamente lo mismo.
La gingivitis es una inflamación superficial de las encías. Suele provocar sangrado, enrojecimiento e inflamación, pero todavía no hay pérdida de hueso. Si se trata a tiempo con una limpieza profesional y una mejora de la higiene, puede revertirse.
La periodontitis, en cambio, es una enfermedad más avanzada. Afecta al hueso y a los tejidos que sujetan los dientes. En estos casos puede aparecer retracción de encías, movilidad dental, mal aliento persistente y pérdida progresiva de soporte.
Las encías retraídas son el resultado visible de una pérdida o desplazamiento del tejido gingival. Pueden deberse a periodontitis, pero también a otras causas como cepillado agresivo, bruxismo, ortodoncia, tabaco, encías finas o traumatismos.
Por eso insistimos tanto en el diagnóstico. No basta con ver la encía retraída; hay que saber por qué se ha retraído para elegir el tratamiento correcto.
¿Cómo saber si tengo encías retraídas?
La retracción de encías suele avanzar de forma lenta, por eso muchas veces el paciente se da cuenta cuando el cambio ya es evidente. Aun así, hay señales bastante claras que pueden ayudarte a identificar el problema.
En consulta, solemos revisar la posición de la encía, la presencia de placa o sarro, el estado del hueso, la sensibilidad dental, la mordida y posibles signos de bruxismo. Esa valoración nos permite diferenciar si hablamos de un problema localizado en uno o varios dientes, o de una afectación más generalizada.
Dientes que parecen más largos
Este es uno de los signos más habituales. Si notas que uno o varios dientes se ven más largos que antes, puede que la encía se haya desplazado hacia arriba o hacia abajo, dependiendo de si hablamos de dientes superiores o inferiores.
A veces ocurre en un solo diente, por ejemplo tras un cepillado muy fuerte o por la posición del diente en la arcada. Otras veces afecta a varias piezas, sobre todo cuando hay enfermedad periodontal.
La sensación de “dientes largos” no debe normalizarse, especialmente si va acompañada de sensibilidad, sangrado o inflamación.
Sensibilidad al frío, calor o alimentos ácidos
La sensibilidad dental aparece porque la raíz expuesta no está diseñada para recibir estímulos externos. Por eso puedes notar una molestia aguda al beber agua fría, tomar café caliente, comer cítricos o incluso al respirar aire frío.
Este síntoma no siempre significa que haya una caries. En muchos casos, la causa está en una recesión gingival que ha dejado la raíz al descubierto.
Mi recomendación en estos casos es no abusar de pastas desensibilizantes sin saber qué ocurre. Pueden aliviar temporalmente, pero si la encía sigue retrayéndose, el problema de base continuará avanzando.
Sangrado, inflamación o mal aliento
Si además de encías retraídas notas sangrado al cepillarte, encías inflamadas o mal aliento persistente, es posible que exista una acumulación de placa bacteriana o sarro bajo la encía.
Este punto es especialmente importante porque puede indicar gingivitis o periodontitis. En esos casos, el tratamiento suele pasar por una valoración periodontal y, si es necesario, una limpieza profunda o raspado y alisado radicular.
El sangrado de encías no es normal. Aunque sea leve o aparezca solo algunos días, es una señal de inflamación que conviene revisar.
Espacios negros entre los dientes
Cuando se pierde encía entre los dientes, pueden aparecer pequeños espacios oscuros, conocidos como troneras o “triángulos negros”. Esto ocurre porque la papila interdental, que es la parte de encía que rellena el espacio entre diente y diente, se reduce.
Además del impacto estético, estos espacios facilitan que se acumulen restos de comida y placa bacteriana. Por eso muchas personas notan que tienen que usar más el hilo dental, cepillos interdentales o irrigador para mantener la zona limpia.
En algunos casos, estos espacios pueden mejorar tratando la causa periodontal o ajustando ciertos aspectos estéticos, pero siempre hay que valorar cada caso de forma personalizada.
Movilidad dental en casos avanzados
La movilidad dental es una señal de alerta. Cuando una encía retraída va acompañada de pérdida de hueso, el diente puede empezar a moverse porque ha perdido parte de su soporte.
Esto suele ocurrir en casos de periodontitis avanzada o cuando el problema se ha mantenido durante mucho tiempo sin tratamiento.
Si notas que un diente se mueve, que ha cambiado de posición o que al morder sientes algo diferente, lo recomendable es acudir cuanto antes a revisión. Detectarlo a tiempo puede marcar la diferencia entre conservar el diente o tener que recurrir a tratamientos más complejos.
Principales causas de las encías retraídas
Las encías retraídas no aparecen por una única razón. A veces el origen está en una enfermedad periodontal; otras, en hábitos diarios como cepillarse con demasiada fuerza, apretar los dientes o haber llevado una ortodoncia sin una valoración adecuada del hueso y de la encía.
Por eso, cuando un paciente viene a consulta con retracción de encías, no nos quedamos solo en lo que se ve a simple vista. Revisamos la encía, la cantidad de hueso, la mordida, la higiene, posibles signos de bruxismo y antecedentes de tratamientos previos. La causa marca totalmente el tratamiento.
Enfermedad periodontal: gingivitis y periodontitis
Una de las causas más frecuentes de las encías retraídas es la enfermedad periodontal, especialmente cuando una gingivitis no se trata a tiempo y evoluciona a periodontitis.
La gingivitis es una inflamación inicial de las encías provocada por la acumulación de placa bacteriana. En esta fase puede haber sangrado, enrojecimiento y molestias, pero normalmente todavía no hay pérdida de hueso. Si actuamos pronto, suele tener buen pronóstico.
La periodontitis, en cambio, es más seria. Las bacterias avanzan por debajo de la encía y empiezan a afectar al hueso que sujeta los dientes. Cuando se pierde hueso, la encía también puede retraerse, porque encía y hueso están muy relacionados.
En estos casos, las encías retraídas suelen ir acompañadas de otros síntomas como sangrado, mal aliento, movilidad dental, sarro acumulado o sensación de que los dientes se separan. Aquí el tratamiento no debe centrarse solo en “tapar” la raíz, sino en controlar primero la infección periodontal.
Cepillado agresivo o cepillo demasiado duro
Aunque pueda parecer contradictorio, algunos pacientes con muy buena higiene también desarrollan retracción de encías. ¿Por qué? Porque se cepillan con demasiada fuerza o utilizan cepillos demasiado duros.
La encía es un tejido delicado. Si cada día recibe una presión excesiva, puede ir desplazándose poco a poco y dejar parte de la raíz expuesta. Esto suele verse en zonas concretas, sobre todo en caninos, premolares o dientes más prominentes.
En consulta lo vemos bastante: pacientes que nos dicen “yo me cepillo mucho” y, precisamente por eso, han dañado la encía. Cepillarse más fuerte no significa limpiar mejor. Lo importante es la técnica, el tiempo y usar los instrumentos adecuados.
En estos casos, corregir la técnica de cepillado es fundamental para que la retracción no siga avanzando.
Bruxismo y presión excesiva sobre los dientes
El bruxismo, es decir, apretar o rechinar los dientes, también puede influir en la retracción de encías. Cuando los dientes reciben fuerzas excesivas de forma continuada, los tejidos que los rodean pueden sufrir.
Esta presión puede provocar desgaste dental, pequeñas fisuras, molestias musculares, dolor en la mandíbula y, en algunos pacientes, favorecer que la encía se retraiga, especialmente si ya existe una encía fina o una posición dental comprometida.
Muchas personas no saben que tienen bruxismo porque ocurre por la noche. A veces lo detectamos por signos como desgaste en los dientes, tensión al despertar, dolor de cabeza, sensibilidad dental o sobrecarga en algunas piezas.
Cuando la causa está relacionada con el bruxismo, no basta con tratar la encía. También hay que controlar la fuerza que está recibiendo el diente, normalmente mediante una férula de descarga personalizada y revisiones periódicas.
Encías retraídas por ortodoncia
La ortodoncia puede mejorar muchísimo la salud y la estética de la sonrisa, pero debe planificarse bien. En algunos casos, si los dientes se mueven fuera del volumen de hueso disponible o si el paciente tiene encías muy finas, puede aparecer retracción gingival.
Esto no significa que la ortodoncia sea mala para las encías. Al contrario, una buena ortodoncia puede ayudar a mejorar la higiene y la estabilidad de la mordida. Pero sí significa que antes de mover dientes debemos valorar bien el hueso, el grosor de la encía y la posición de las raíces.
En nuestra clínica dental en San Juan de Alicante, cuando planificamos tratamientos de ortodoncia con Spark, Invisalign o brackets, estudiamos cada caso de forma individual. El escáner intraoral y la planificación digital nos ayudan a prever movimientos y adaptar el tratamiento a la situación real del paciente.
Si la retracción aparece durante o después de una ortodoncia, lo primero es revisar si el movimiento dental, la higiene, la mordida o el grosor de la encía han influido en el problema.
Tabaco y peor cicatrización de las encías
El tabaco es uno de los grandes enemigos de las encías. Reduce el riego sanguíneo, altera la respuesta defensiva de los tejidos y dificulta la cicatrización.
Además, en pacientes fumadores la enfermedad periodontal puede avanzar de forma más silenciosa, porque a veces hay menos sangrado visible aunque exista inflamación y pérdida de soporte. Esto hace que algunas personas lleguen tarde al diagnóstico.
El tabaco también empeora el pronóstico de muchos tratamientos periodontales y quirúrgicos. Por eso, si tienes encías retraídas y fumas, una parte importante del tratamiento será reducir o eliminar este hábito.
No se trata de juzgar al paciente, sino de explicarte claramente cómo influye en tu salud oral para que puedas tomar decisiones con toda la información.
Encías finas, genética y predisposición familiar
Hay pacientes que, por genética, tienen un biotipo periodontal fino. Dicho de forma sencilla: tienen una encía más delicada, más fina y con menor capacidad de resistencia frente a ciertos estímulos.
En estos casos, un cepillado algo fuerte, un diente ligeramente mal posicionado, una ortodoncia o una inflamación leve pueden provocar más fácilmente retracción de encías.
También vemos familias en las que varios miembros han tenido problemas periodontales o pérdida de encía. La genética no significa que el problema sea inevitable, pero sí que conviene ser más cuidadosos con la prevención.
Si sabes que tienes antecedentes familiares de periodontitis o encías retraídas, lo ideal es realizar revisiones periódicas y no esperar a que aparezcan síntomas avanzados.
Piercings, traumatismos y otros factores locales
Los piercings en el labio o la lengua pueden provocar retracción de encías por el roce constante contra los tejidos. Ese contacto repetido, día tras día, puede desgastar la encía y hacer que se retraiga, sobre todo en los dientes anteriores.
También pueden influir traumatismos, golpes, restauraciones mal ajustadas, coronas antiguas, empastes cerca de la encía o frenillos labiales que tiran demasiado del tejido.
En estos casos, la retracción suele estar localizada en una zona concreta. La clave está en eliminar o corregir el factor que está dañando la encía antes de plantear cualquier tratamiento para recuperar el tejido.
¿Las encías retraídas vuelven a crecer solas?
Esta es una de las preguntas que más nos hacen en consulta. La respuesta clara es: no, las encías retraídas no vuelven a crecer solas.
Cuando la encía se ha desplazado y la raíz ha quedado expuesta, el tejido perdido no se regenera de forma espontánea. Lo que sí podemos hacer es frenar el avance, mejorar la salud de la encía y, en algunos casos, recuperar cobertura mediante tratamientos específicos.
Por eso es tan importante no esperar. Cuanto antes tratamos la causa, más sencillo suele ser estabilizar la encía y evitar daños mayores.
Cuándo se puede recuperar la encía perdida
La encía perdida puede recuperarse en determinados casos, sobre todo cuando la retracción está localizada, hay suficiente soporte óseo y la causa está controlada.
Por ejemplo, si la retracción se debe a un cepillado agresivo, a un piercing, a una encía fina o a ciertos movimientos dentales, podemos valorar tratamientos como el injerto de encía o la cirugía mucogingival.
Este tipo de tratamiento busca cubrir la raíz expuesta, aumentar el grosor de la encía y mejorar la estabilidad del tejido a largo plazo. Además de mejorar la estética, puede reducir la sensibilidad y facilitar la higiene diaria.
Eso sí, antes de indicar un injerto de encía, siempre hay que valorar bien el caso. No todas las retracciones se tratan igual ni todas pueden cubrirse al 100 %.
Cuándo solo podemos frenar el avance
En casos de periodontitis avanzada, cuando ya se ha perdido mucho hueso alrededor del diente, no siempre es posible recuperar la encía hasta su posición original.
Aquí el objetivo principal es frenar la enfermedad periodontal, controlar las bacterias, estabilizar el hueso restante y evitar que el diente siga perdiendo soporte.
Esto no significa que no haya solución. Significa que el tratamiento cambia de enfoque. En lugar de prometer que la encía volverá a estar como antes, trabajamos para conservar los dientes, reducir la inflamación, mejorar la higiene y evitar que el problema avance.
En odontología, ser realistas con el diagnóstico es fundamental. Por eso siempre explicamos al paciente qué podemos recuperar, qué podemos estabilizar y qué expectativas son razonables en su caso.
Tratamientos para las encías retraídas
El tratamiento de las encías retraídas depende de la causa, del grado de retracción, de la cantidad de hueso, del grosor de la encía y de los síntomas que tenga el paciente.
No existe un único tratamiento válido para todos. A veces basta con corregir la higiene y hacer mantenimiento periodontal. Otras veces necesitamos raspado y alisado radicular, férula de descarga, cirugía mucogingival, revisión ortodóncica o tratamientos estéticos.
En nuestra clínica, realizamos un diagnóstico completo antes de proponer cualquier solución. La prioridad es siempre la misma: detener la causa para que la encía no siga retrayéndose.

Tratamiento periodontal para frenar la retracción de encías
Cuando la causa es la acumulación de placa, sarro o enfermedad periodontal, el primer paso es controlar la infección y la inflamación.
El tratamiento periodontal nos permite eliminar bacterias por encima y por debajo de la encía, reducir el sangrado y estabilizar los tejidos que sujetan los dientes.
En estos casos, el objetivo no es solo que la encía “se vea mejor”, sino conseguir una boca sana y estable a largo plazo.
Limpieza profunda, raspado y alisado radicular
El raspado y alisado radicular, también conocido como curetaje dental, es una limpieza profunda que elimina el sarro y las bacterias acumuladas bajo la línea de la encía.
Se realiza por zonas y permite limpiar la raíz del diente para que la encía pueda desinflamarse y volver a adaptarse mejor a la superficie dental.
Este tratamiento está especialmente indicado cuando hay bolsas periodontales, sangrado, mal aliento, inflamación o pérdida de soporte causada por periodontitis.
Aunque muchos pacientes llegan con miedo, suele ser un tratamiento muy llevadero y se realiza con anestesia local si es necesario para que estés cómodo.
Mantenimiento periodontal para evitar recaídas
Después del tratamiento periodontal, el mantenimiento es clave. La periodontitis es una enfermedad crónica que podemos controlar, pero necesita seguimiento.
Las revisiones y limpiezas periódicas ayudan a detectar recaídas, controlar la placa bacteriana y evitar que la retracción siga avanzando.
Según el caso, podemos recomendar mantenimientos cada 3, 4, 6 o 12 meses. No todos los pacientes necesitan la misma frecuencia. Lo importante es adaptar el plan a tu riesgo periodontal.
Mi consejo es sencillo: si ya has tenido problemas de encías, no esperes a que vuelva a sangrar o a doler. El mantenimiento periodontal es lo que nos permite conservar tus dientes a largo plazo.
Injerto de encía o cirugía mucogingival
El injerto de encía es uno de los tratamientos más utilizados cuando queremos recuperar tejido perdido o reforzar una encía demasiado fina.
Consiste en añadir tejido en la zona donde falta encía, normalmente tomando una pequeña porción del paladar o utilizando técnicas específicas según el caso. El objetivo puede ser cubrir la raíz, aumentar el grosor de la encía o mejorar la estabilidad de la zona.
Es un tratamiento muy preciso y debe estar bien indicado. Por eso antes valoramos la causa de la retracción, el tipo de encía, la higiene, el hueso y la posición del diente.
Cuándo está indicado un injerto de encía
El injerto de encía puede estar indicado cuando existe una retracción localizada, sensibilidad persistente, raíz expuesta, alteración estética o una encía muy fina con riesgo de seguir retrayéndose.
También puede recomendarse antes o después de una ortodoncia en pacientes con encías delicadas, especialmente si necesitamos reforzar el tejido para evitar problemas futuros.
En algunos casos, no se realiza solo por estética. A veces lo indicamos como medida preventiva para proteger el diente y mejorar la salud periodontal a largo plazo.
Cómo ayuda a cubrir la raíz expuesta
Cuando la raíz queda al descubierto, el injerto de encía puede ayudar a cubrir parte de esa superficie y crear una encía más resistente.
Esto puede mejorar la sensibilidad, reducir el riesgo de caries radicular y conseguir una línea de encía más armónica.
El resultado depende de varios factores: el tipo de recesión, la cantidad de hueso, el grosor de los tejidos, la técnica utilizada y los cuidados posteriores. Por eso siempre explicamos el pronóstico antes de realizar el tratamiento.
Férula de descarga si la causa es el bruxismo
Si detectamos que la retracción está relacionada con bruxismo o sobrecarga dental, una de las medidas más importantes es proteger los dientes con una férula de descarga.
La férula no “hace crecer” la encía, pero ayuda a reducir las fuerzas excesivas que pueden estar dañando dientes, encías, músculos y articulación mandibular.
Debe ser una férula personalizada, diseñada a medida y revisada en clínica. Las férulas genéricas o compradas sin supervisión pueden no ajustar bien y, en algunos casos, empeorar la mordida o generar más molestias.
Cuando el bruxismo está presente, tratar solo la encía sin controlar la fuerza sería dejar una parte importante del problema sin resolver.
Revisión de ortodoncia si la retracción aparece tras mover los dientes
Si las encías retraídas aparecen durante o después de un tratamiento de ortodoncia, es importante revisar la posición dental, el grosor de la encía y la situación del hueso.
A veces hay dientes que se han desplazado hacia zonas con poco soporte óseo, o pacientes con encías muy finas que necesitan un enfoque periodontal complementario.
En nuestra clínica trabajamos la ortodoncia de forma coordinada con periodoncia. Esto es especialmente importante en pacientes adultos, con antecedentes de encías retraídas o con periodontitis controlada.
La ortodoncia bien planificada no debe poner en riesgo tus encías. Al contrario, debe ayudarte a mejorar la función, la higiene y la estabilidad de la boca.
Tratamientos estéticos cuando la encía retraída afecta a la sonrisa
La retracción de encías también puede afectar a la estética dental. Los dientes pueden verse más largos, irregulares o con espacios oscuros entre ellos.
En estos casos, primero debemos asegurarnos de que la encía está sana y estable. Después podemos valorar opciones estéticas según el caso: cirugía mucogingival, reconstrucciones, carillas dentales o diseño digital de sonrisa.
Las herramientas como el escáner intraoral y el software DSD sirven para estudiar la sonrisa de forma global, pero siempre con una idea clara: la estética debe apoyarse en una boca sana.
No tiene sentido mejorar la forma de los dientes si antes no hemos controlado la causa de la retracción.
¿Qué pasa si no tratas las encías retraídas?
Las encías retraídas no suelen mejorar por sí solas. En algunos casos se estabilizan si corregimos la causa, pero en otros pueden avanzar lentamente durante años.
El problema es que, cuando el paciente nota cambios importantes, a veces ya hay sensibilidad, caries en la raíz, pérdida de hueso o movilidad dental.
Por eso recomendamos revisar cualquier retracción de encías, aunque parezca pequeña. Una recesión leve tratada a tiempo suele ser mucho más fácil de controlar que una retracción avanzada.
Mayor sensibilidad dental
La sensibilidad es una de las consecuencias más frecuentes. Al quedar la raíz expuesta, el diente responde con molestias al frío, al calor, al dulce, a los alimentos ácidos o incluso al cepillado.
Al principio puede ser algo puntual, pero con el tiempo puede volverse más incómodo y afectar a hábitos tan simples como beber agua fría o comer determinados alimentos.
Las pastas desensibilizantes pueden ayudar, pero no sustituyen al diagnóstico. Si la raíz sigue expuesta y la causa continúa activa, la sensibilidad puede persistir o empeorar.
Riesgo de caries en la raíz
La raíz del diente es más vulnerable que el esmalte. Cuando queda expuesta, retiene más placa y tiene mayor riesgo de desarrollar caries radicular.
Estas caries pueden avanzar rápido y son más complejas de tratar que una caries en la corona del diente, sobre todo si están cerca de la encía o en zonas de difícil acceso.
Por eso, si tienes encías retraídas, es importante adaptar la higiene y acudir a revisiones para detectar cualquier lesión en fases iniciales.
Pérdida de soporte del diente
Cuando la retracción está asociada a periodontitis, el principal riesgo es la pérdida progresiva de soporte.
El hueso que sujeta el diente puede ir reduciéndose y, con el tiempo, aparecer movilidad dental. En fases avanzadas, el diente puede llegar a perderse.
Aquí es donde más insistimos en la prevención. Muchas veces podemos conservar dientes durante años si diagnosticamos la enfermedad periodontal a tiempo y el paciente sigue un buen mantenimiento.
Problemas estéticos en la sonrisa
Las encías retraídas también pueden cambiar la estética de la sonrisa. Los dientes parecen más largos, la línea gingival se ve irregular y pueden aparecer espacios negros entre los dientes.
Esto puede afectar especialmente a los dientes anteriores, que son los que más se ven al hablar o sonreír.
La parte estética importa, por supuesto. Pero en nuestra forma de trabajar, primero analizamos la salud de la encía y después planteamos cómo mejorar la armonía de la sonrisa de forma segura y estable.
Cómo evitar que las encías retraídas avancen
La prevención es fundamental. Aunque no siempre podemos recuperar de forma natural la encía perdida, sí podemos hacer mucho para evitar que la retracción empeore.
La clave está en controlar la causa: mejorar la higiene, corregir la técnica de cepillado, tratar la enfermedad periodontal, proteger los dientes si hay bruxismo y revisar la mordida o la ortodoncia si es necesario.
Con pequeños cambios y un seguimiento adecuado, muchas retracciones pueden estabilizarse durante años.
Técnica correcta de cepillado
Cepillarte bien no significa cepillarte fuerte. Lo ideal es utilizar movimientos suaves, sin presionar en exceso y dedicando tiempo a todas las zonas de la boca.
Si tienes encías retraídas, te recomendamos evitar movimientos horizontales agresivos, sobre todo cerca del margen de la encía.
Un cepillo eléctrico con sensor de presión puede ser útil para algunos pacientes, porque avisa cuando estás apretando demasiado. En otros casos, un cepillo manual suave bien utilizado es suficiente.
Lo importante es que la técnica de cepillado esté adaptada a tu boca. En consulta podemos enseñarte cómo cepillarte sin dañar la encía.
Cepillos suaves, hilo dental e irrigador
Si tienes retracción de encías, suele ser recomendable usar un cepillo de filamentos suaves o medios, según el caso, y evitar cepillos duros.
Además del cepillado, es importante limpiar entre los dientes. Puedes usar hilo dental, cepillos interdentales o irrigador bucal, dependiendo del tamaño de los espacios y de tus necesidades.
Los cepillos interdentales son especialmente útiles cuando hay espacios negros o pérdida de papila, pero deben elegirse del tamaño adecuado. Si son demasiado grandes o se usan con fuerza, pueden irritar la encía.
La higiene interdental marca una gran diferencia en pacientes con encías retraídas o enfermedad periodontal.
Revisiones periódicas con el dentista
Las encías retraídas pueden avanzar sin dolor. Por eso las revisiones son tan importantes.
En una revisión podemos medir la encía, valorar si hay bolsas periodontales, detectar sarro bajo la encía, revisar la mordida y comprobar si la retracción está estable o ha empeorado.
La frecuencia dependerá de cada paciente. Una persona sin enfermedad periodontal puede necesitar revisiones anuales, mientras que un paciente con periodontitis puede requerir mantenimientos más frecuentes.
Cuándo acudir al periodoncista
Te recomendamos acudir a revisión si notas alguno de estos signos:
- Tienes uno o varios dientes que parecen más largos.
- Notas sensibilidad al frío, al calor o al cepillarte.
- Te sangran las encías.
- Ves espacios negros entre los dientes.
- Tienes mal aliento persistente.
- Notas movilidad dental.
- La encía sigue bajando con el paso del tiempo.
Cuanto antes valoremos el problema, más opciones tendremos para frenarlo. En muchos casos, una actuación temprana evita tratamientos más complejos en el futuro.
Las encías retraídas tienen tratamiento, pero necesitan diagnóstico
Las encías retraídas no deben ignorarse. Aunque al principio puedan parecer solo un cambio estético, pueden estar indicando un problema de cepillado, bruxismo, ortodoncia, encías finas o enfermedad periodontal.
La encía perdida no vuelve a crecer sola, pero sí podemos detener el avance, mejorar la salud de las encías y valorar tratamientos para recuperar tejido en los casos indicados.
Si has notado que tus dientes se ven más largos o tienes sensibilidad en la zona de la encía, puedes pedir una primera visita gratuita llamando al 965 65 15 23 o cogiendo cita a través de nuestra web. Cuanto antes lo revisemos, más fácil será evitar que la retracción avance.
Sobre el autor
Nº de colegiado: 28008694.
Ortodoncista con más de 15 años de experiencia dedicados exclusivamente a la ortodoncia.
Licenciado en Odontología por la Universidad Europea de Madrid y dos másters: uno en Ortodoncia y Ortopedia Dentofacial y otro en Odontología Integrada, ambos obtenidos en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.
Además, soy miembro activo de la SEDA y la SEDO y tengo certificaciones en Ortodoncia Invisible Invisalign, Spark e Incógnito 3M, lo que me permite ofrecer una amplia gama de opciones de tratamiento.
